Cada espejo nos devuelve una imagen distinta. Pero aquello que anhelamos nos constituye, vive en nuestra esencia.
El sólo hecho de quererlo hace que de alguna manera ya esté aquí, en cada uno.
ENE
24
F.
Escrito en la categoría de Sexo Furtivo
IRISS

No, mejor me voy a casa. Son las ocho ya. Aunque en realidad estoy aquí al lado... No pasa nada por asomarme a mirar. Si el sitio está bien hasta me puedo tomar una copa y todo. Él te dijo que estaba por las tardes, ¿verdad? Creo que este es el local. Parece muy agradable. Vaya, es él; ahí, detrás de la barra. Tiene unos ojos preciosos, fulgurantes. Tranquila, que no note que estás nerviosa. Además, él no te conoce, solo tú le has visto por la web cam; pero, no sé, me mira de una manera que parece que me ha visto desnuda alguna vez. Me voy a tomar un gin-tonic. Creo que sé lo que está pensando. Debería decirle que soy yo. Voy a mandarle un mensaje al móvil, lo tiene ahí, junto a la caja. Lo está leyendo, pero no me ha descubierto. Seguramente le resulta imposible pensar que la mujer de traje de la barra es Iris. Le paso una nota con un texto idéntico al del sms. Ahora se da cuenta. Ahora el azul de sus ojos es más intenso. Se qué me está mirando. Me siento observada. Parece sorprendido. (Has tardado en venir, no te imaginaba así). A mí me encantan las sorpresas, las situaciones. Él ya lo sabe. ¿Dónde se ha metido? ¡Ah, es verdad! Siempre le llaman por teléfono. Voy a ir al baño un momento. No sé si entrar. Creo que está dentro, acechando. ¡! Me tapa la boca, hay alguien al lado. Sus manos en mi cintura son un lazo imposible de deshacer. Tengo que irme. Tengo que besarle. Le ofrezco mis labios. Adivino su piel caliente bajo la seda de su camisa. No tengo fuerza. Quiero quedarme así, pegada a su cuerpo. Sus manos bajan hasta mis caderas. Rozan mis muslos, que se abren sin resistencia. Mis manos no son mías ya. No sé que estoy haciendo. No, tengo que irme. ¿Cómo puedes decir eso mientras exploras su entrepierna tan descaradamente? Puede venir alguien. Cierra el pestillo. Hace calor aquí, creo que el alcohol se me ha subido a la cabeza. Es delicioso tenerle así. Está levantando mi falda. Sus dedos se escurren bajo la ropa, se escurren con mi humedad. Es una serpiente, pero me encanta. Necesito darle placer. Su pantalón ya no está. ¿Aquí, de pie? La pared es blanca. Mis dedos dejan su huella en el azulejo brillante. Siento su aliento en mi cuello. Está aquí. No puedo moverme. Sujeta mis manos. Me inunda suavemente. Qué bien lo hace, el cabrón. Tiene tablas. Va a venir alguien, verás (Me da todo igual). Acaríciame. ¿Quién le ha enseñado a mover así los dedos? No puedo más. Acaríciame. Hace calor. Creo que hay alguien que quiere entrar (que espere). Si, por favor, no pares ahora. Estoy explotando. Mis piernas tiemblan. Eres un torbellino. Vas a romperme. Tus piernas tiemblan. Siento tu respiración entrecortada.

- Creo que ese último gemido te lo han oído.

- ¡Qué más da! La gente folla en los baños, ¿lo sabías?

- Sí, supongo. Oye, me voy, que es muy tarde.

- Espera, deja que salga yo primero.

Escrito por Iriss el 24 de enero del 2008 (0 Comentarios ¡Sé el primero en hacer un comentario!)


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